lunes, 4 de junio de 2012

Momentos mas Relevantes


La España del hambre

La guerra continuó determinando la vida cotidiana de los españoles. Todas las familias habían perdido algún ser querido durante la contienda, conocían alguna víctima de la represión o habían padecido la violencia política de uno u otro bando. Algunas ciudades y pueblos eran la viva imagen de la destrucción; durante la guerra fueron destruidas alrededor de 250.000 viviendas y buena parte de las comunicaciones más importantes.

Los alimentos no sólo eran escasos sino de ínfima calidad. Con la finalidad de garantizar el suministro de productos de primera necesidad se implantó la cartilla de racionamiento, aunque se reveló claramente insuficiente. Los que disfrutaban de una buena situación económica recurrieron al mercado negro aunque no era necesario ser rico para saltarse el racionamiento; cualquier pariente o amigo en el Ejército, la Administración o la Falange tenía acceso a productos al margen de la cartilla. Durante 10 años los españoles tuvieron que padecer las penurias del racionamiento, mientras unos pocos acumulaban grandes fortunas gracias al estraperlo.
El nuevo régimen

El primer gobierno de la posguerra se constituyó el 8 de agosto de 1939. Franco, que ya acumulaba la Jefatura del Estado y del Gobierno, eligió cuidadosamente a sus ministros entre las distintas familias del bando nacionalista: monárquicos, falangistas y militares.
La mayoría de los monárquicos que formaron parte en los primeros gobiernos de Franco eran hombres de lealtad probada, muchos de ellos militares. Franco fue mucho más paciente con las críticas de los militares monárquicos que con cualquier otro grupo del régimen, siempre que no se involucraran en conspiraciones y declararan sus aspiraciones en privado. De hecho, Franco siempre acababa asegurándoles que el objetivo último del régimen era la restauración. 
Desde el principio Franco adoptó una actitud neutral en las rencillas internas del régimen. No quiso identificarse con ninguna de las familias y su propia indefinición ideológica le permitió arbitrar entre ellas. Aunque escogía a sus ministros por su lealtad personal, siempre pretendió respetar un cierto equilibrio.


La crisis de 1942

Las discrepancias entre las familias en política exterior no eran más que una proyección de la desavenencia general entre los falangistas, monárquicos y militares. Las pretensiones de Serrano Suñer de establecer un sistema fascista chocaron con el resto de las familias  y con el propio Franco, que empezó a confiar en Arrese para domesticar la Falange y en Carrero Blanco como mano derecha. En 1941 varios militares y monárquicos expusieron a Franco la necesidad de relegar a la Falange a un segundo plano y anular el protagonismo de Serrano Suñer. Franco, que nunca se sintió preso de ninguna corriente del régimen, se negó a acceder a sus peticiones fomentando la rivalidad entre los sectores más radicales de cada grupo. En el verano de 1942 las peleas callejeras entre falangistas y sus rivales fueron haciéndose cada vez más habituales hasta que finalmente estalló el conflicto el 16 de agosto en Begoña.

En la celebración anual en memoria de los carlistas caídos en la guerra en el santuario de la Virgen de Begoña (Bilbao), se produjeron incidentes entre carlistas y falangistas. El lanzamiento de dos granadas por parte de algún falangista fue interpretado por el ministro del Ejército, general Varela, que se hallaba dentro del santuario, como un ataque a los militares. Varela y el ministro de Gobernación, Galarza, instaron a Franco a tomar medidas contra la Falange. Franco volvió a ejercer sus dotes arbitrales sustituyendo a todas las partes en conflicto: Varela, Galarza y Serrano Suñer. No contentando a nadie consiguió relajar los ánimos y fortalecer todavía más su poder.

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